La mítica estación norteamericana, Whistler Blackcomb

Whistler Blackcomb (Canadá).

Adentrada en el corazón de la cordillera costera canadiense, y a dos horas al norte de la ciudad de Vancouver, encontramos la nevada aldea de Whistler; un lugar pintoresco donde el pasado mes de febrero miles de turistas se acercaron para disfrutar de las Olimpiadas de Invierno de 2010. El pueblo está ubicado a los pies de las magníficas montañas Whistler y Blackcomb, ambas con un desnivel de más de 1.6 kilómetros. Juntas representan la zona esquiable más grande del continente norteamericano.

Pero, aunque parezca mentira, ni su desnivel ni su tamaño son sus atractivos principales. El motivo de que tanta gente de todo el mundo realice su migración invernal a Whistler, es en gran parte, gracias a la cantidad de nieve que reciben. Esta inmensa estación contó el invierno pasado con más de catorce metros de nieve, y goza de un promedio de más de diez metros.

Esta gran cantidad de nieve, combinada con la extensión de la estación, hace de Whistler un paraíso para el free-ski, esquí en nieve virgen y fuera de pista, pero siempre dentro de la estación y en zona controlada. Pocas estaciones del mundo nos permiten esta clase de esquí, y además contando con un guía que nos ofrece la posibilidad de mostrarnos los rincones más especiales de la misma.

Pero claro, esto no significa que la estación no cuente con pistas tradicionales. Whistler Blackcomb encabeza el ranking de estaciones con más pistas ‘pisadas’ cada noche en toda Norteamérica, y contempla pistas de todos los niveles de dificultad (desde verde, hasta doble negra). La estación destaca que no hay ningún remonte que no tenga una pista azul, pisada y balizada, como salida, lo que proporciona al esquiador de nivel intermedio libertad y tranquilidad a la hora de explorar la estación sin guía.

Whistler ofrece también la modalidad más flexible del mítico Heliski, pudiendo practicar este deporte para una jornada completa y sin tener que desplazarse a parajes insólitos para llegar al aparato. Los helicópteros despegan desde el helipuerto del pueblo de Whistler, y junto con los guías de Heliski, llevan a sus esquiadores a vastas palas de nieve virgen alejadísimas de la estación de esquí.

Después de un buen día de esquí o Heliski, no hay nada mejor que regresar a la aldea de Whistler, con múltiples comercios, más de 90 restaurantes y un ambiente nocturno vibrante donde compartir, entre amigos, todas las experiencias de la jornada.

Podéis coordinar viajes a Whistler, con fechas flexibles, y alojaros en hoteles, apartamentos o amplios chalets, con forfaits y traslados incluidos, contactando con Esquí Whistler en www.esquiwhistler.com o llamando al 91 829 2508.

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