Team Riders Skiamos en Chamonix (abril 2011)

Chamonix es la cuna del alpinismo mundial, mítico destino de peregrinación para deportistas de todo el mundo y un enclave turístico de gran atractivo en cualquier época del año. El valle de Chamonix está gobernado por el majestuoso Mont Blanc, el techo de nuestro continente, la cumbre más alta de Europa Occidental con sus 4.807 metros, lugar donde uno se da cuenta de la inmensidad y la fuerza de los Alpes. Miles de alpinistas, esquiadores y turistas visitan cada año este emblemático lugar.

En el valle de Chamonix, se puede disfrutar del esquí en pleno invierno y hacerlo hasta bien entrada la primavera. Nos ofrece multitud de opciones y actividades, desde esquiar en los distintos glaciares, realizar ascensiones alpinísticas de diversa dificultad hasta relajarse y descansar en un entorno más que privilegiado.

Después de una semana disfrutando de la magia de la nieve de Suiza, nos tomamos un día de descanso para dar un paseo y perdernos por su encantador pueblo y alrededores. Chamonix se encuentra a 1.035m de altitud, y se caracteriza por un patrimonio rico y diverso, entre lo tradicional y lo moderno. Al caminar por sus calles se descubren iglesias y capillas protestantes con varios siglos de antigüedad, construcciones de principios de siglo XX, así como hoteles, palacios y granjas tradicionales que contrastan con las construcciones más modernas.
En nuestro primer día, disfrutamos de un clima primaveral, y aprovechamos para visitar el glaciar de Bossons, una buena alternativa para pasar la tarde. Desde el pueblo de Bossons atravesamos un sendero que remonta por un bonito bosque alpino. Tras media hora de subida caminando, llegamos a una terraza que forma un impresionante mirador con vistas a la lengua donde termina el glaciar, donde mueren los hielos y seracs que bajan desde el Mont Blanc.
A la mañana siguiente nos despertamos con el típico desayuno francés de café, croissant y mantequilla. Sol primaveral y mucho calor, así que optamos por dirigirnos al glaciar de Les Grands Montets (3.275m). La estación está situada en un entorno sobrecogedor, donde el esquiador disfruta de una vista impactante de las majestuosas agujas del macizo del Mont Blanc, como la Aiguille Verte (4.121m) o del impresionante cerro donde desbordan colgando impresionantes casquetes de hielo, frente al mirador de los Grand Montets.

La estación se asienta entre los glaciares de Les Grands Montets (3.255m) y Argentière (1.252m), lo que permite esquiar hasta bien entrada la primavera, con bajadas de más de 2.000m de desnivel, que nos dejan molidos, y deseando únicamente descansar para el día siguiente.

Nuestro tercer día en el Valle, lo reservamos para visitar el plato fuerte. Desde el mismo pueblo de Chamonix cogimos el teleférico más alto de Europa, que en tan sólo 20 minutos y dos tramos, nos subió hasta la Aiguille du Midi (3.842 m). Un transporte que utilizan tanto alpinistas como esquiadores, y que ofrece a los turistas la posibilidad de contemplar la belleza del paisaje del macizo del Mont Blanc. Desde la cima de la Aiguille du Midi tenemos una panorámica excepcional de los Alpes Franceses, Suizos e Italianos y una vista privilegiada sobre el Mont Blanc, que suele impresionar a todos los amantes de la montaña y la naturaleza.

Desde la cima de la Aiguille du Midi accedemos a uno de los espacios naturales más visitados del mundo. El glaciar más legendario de Chamonix y el más grande de Francia, La Mer de Glace (o Mar de Hielo). Es un enorme glaciar que proviene del Mont Blanc, y una clásica ruta repleta de encanto, bastante frecuentada por esquiadores. Un descenso sin dificultad pero no exento de peligro. Como en la mayoría de rutas por glaciares, el mayor peligro son las grietas. Asequible para esquiadores con buen nivel de esquí, con un mínimo dominio de los esquís en distintos tipos de nieve y en pendientes que, según la ruta, varían entre los 35º y los 45º con algunos puntos de mayor dificultad. Si es la primera vez que accedéis a La Mer de Glace, os recomendamos contratar un guía de montaña para realizar este descenso, porque ellos cuentan con un gran conocimiento de la montaña y progresión del glaciar.

Iniciamos nuestra ruta, que transcurrió a través de un paisaje sobrecogedor y nos hizo disfrutar aún más de la excursión. Con un esquí tranquilo comenzamos nuestro descenso, lo que nos permitió gozar del entorno y mantener la atención en las grietas, algunas evidentes pero otras no tanto. La fuerza del hielo se hace patente en cada desnivel, abriendo grietas o formando caóticos sectores de seracs. La precaución se extrema al máximo, no queremos un accidente que posiblemente obligaría a movilizar equipos de rescate de alta montaña.

Durante prácticamente toda la ruta vamos contemplando la cima de Grandes Jorasses (4.208m), impresionantes agujas que superan los cuatro mil metros de altura, características del macizo del Mont Blanc. El entorno nos transmite unas sensaciones tan gigantescas que empequeñecen al ser humano.

Los primeros y vertiginosos metros esquiamos cerca del filo de la cara norte de la Aiguille du Midi, un precipicio de más de 1.500 metros a nuestra izquierda que nos hizo apretar los dientes, hasta finalmente entrar en la primera pala donde ya relajamos un poco el cuerpo y la mente. En la parte superior, guiados por Jordi, encontramos algunos rincones con una más que aceptable nieve polvo, el resto de la bajada disfrutamos una rica nieve primavera.

En una de las últimas palas Adri cortó una placa de nieve húmeda que se vino abajo, por suerte sin consecuencias. Un susto que recuerda que no se puede bajar la guardia durante toda la bajada.

Aproximadamente unas tres o cuatro horas más tarde y tras haber descendido los 2.000m de desnivel, llegamos al final de la aventura helada. El último kilómetro, aún encima del glaciar, lo tuvimos que hacer con los esquís al hombro. Las escasas nevadas de la temporada no llegaron a cubrir todas las piedras que se depositan encima del glaciar a causa de la erosión.

El tren cremallera de Montenvers de Glace, fue el encargado de llevarnos desde el final del glaciar hasta el pueblo de Chamonix. Hasta llegar a la estación de tren tenemos que subir más de 300 escalones, en los que vamos encontrando varias placas indicativas de los distintos niveles del glaciar durante los últimos 30 años. Una triste comprobación del actual retroceso de los glaciares alpinos, especialmente destacable en los últimos 8 años. No sabemos si es la influencia humana la que está provocando estos cambios, pero ante la duda debemos proteger nuestro patrimonio natural aplicando todos nuestros esfuerzos en cuidar nuestro planeta para las próximas generaciones.

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