Saas-Fee, la perla de los Alpes Suizos

LA PERLA DE LOS ALPES SUIZOS
Destino: Saas-Fee,estación enclavada en los Alpes Suizos.
Riders: Jordi Tenas, Rubén Blanco,
Adrià Pérez de Rozas
Medio de transporte: Nuevo BMW X3 gentileza de K2 España
Fotógrafo: Txema Trull

En abril, parte del equipo de riders de SKIAMOS magazine, nos desplazamos hasta el Valle de Saas (Suiza), para descubriros la perla que esconde, Saas-Fee. Una adorable estación enclavada en pleno corazón de los Alpes Suizos y rodeada de 13 montañas de más de 4.000m de altitud. El impresionante Dom, (4.545m), el Täschhorn, (4.491m) y el Allalinhorn, (4.027m), son sus cumbres más emblemáticas. Saas-Fee es el pueblo principal de Saastal cuya base está a 1.800m sobre el nivel del mar. Está situado en la zona de Valais, al suroeste de Suiza, y su glaciar alcanza los 3.500m de altitud, lo que convierte a Saas-Fee en un destino único y privilegiado para la práctica del deporte blanco, durante cualquier época del año.

Llegamos por la mañana tras un cómodo viaje en uno de los flamantes BMW X3 de K2 España, que amablemente nos cedieron para la ocasión. Nos tuvimos que despedir de él en el gigantesco parking hasta nuestro regreso, puesto que en Saas-Fee no se permite la circulación de vehículos, salvo la flota de coches eléctricos que el municipio pone a disposición de los visitantes para desplazamientos cortos dentro del pueblo.

La primera imagen que nos impactó fue la espectacular vista panorámica de todos los picos que rodean el pueblo y su impresionante glaciar. Saas-Fee tiene el encanto de los pueblos alpinos, con sus casas de madera perfectamente integradas en el entorno, y un ambiente permanentemente acogedor.

Nos resultaron especialmente llamativos los Raccards, pintorescos graneros tradicionales con la estructura elevada del suelo mediante pilares de madera. Su construcción intercala una gran losa de piedra circular, entre los zancos y el granero de madera, para evitar que los roedores tengan acceso a los cereales o las reservas de forraje.

La primavera había llegado a Saas-Fee y en la base del pueblo, en esta época del año, encontramos más flores que nieve. Pero en tan sólo 40 minutos, y tras subir 1.700 m de desnivel, pasamos de la primavera al invierno. La noche anterior a nuestra llegada, como si fuese una especie de bienvenida, hubo una pequeña nevada que prometía algo de nieve polvo.

Llegamos a la cima de Allalin (3.500m) y al salir del Metro Alpine nos encontramos de golpe con una hermosa panorámica. La estación está flanqueada por un cerco de enormes montañas en las que desbordan innumerables glaciares, grietas y seracs. Un paisaje excepcional, donde el hielo es el rey de la escena, y los esquiadores tan sólo son espectadores de la fuerza que hay encerrada en el valle. Más de la mitad de la estación se encuentra sobre un glaciar, por lo que la nieve está garantizada para esquiar o surfear durante los diez meses que permanece abierta.
Para la práctica del freeride en Saas-Fee, se deben seguir unas muy estrictas e imprescindibles pautas de seguridad, ya que, fuera de las zonas balizadas, el glaciar está rodeado de grietas, y una imprudencia podría ser la causa de un grave accidente. Lo mejor para no correr riesgos y disfrutar de una gran esquiada es contratar un guía de montaña. Él será el encargado de escoger las zonas más seguras para la práctica del freeride. Aparte de llevar todos los utensilios de seguridad, como la pala, el ARVA y la sonda, también recomendamos la utilización de arnés.
Una vez equipados y organizados decidimos hacer las primeras bajadas. Fuimos directamente a una zona cercana a la base del Metro Alpine, transporte que da acceso a la parte más alta de la estación Allalin, a 3.500m de altura. Una pala bien definida entre grandes paredes y con un pequeño grupo de seracs brotando de la mitad del sector, se convirtió en nuestra zona de juego. La gran acumulación de nieve polvo, la presencia de pocas grietas y la ausencia de líneas de otros esquiadores, nos llevó a repetir allí unas cuantas rondas. Una vez que dejamos el sector bien “trillado”, tras haber volado algún que otro bloque de hielo y unas cuentas rocas, nos fuimos al snow park para cambiar un poco de ambiente y ver qué se cocía por allí.

Para muchos freestylers, Saas-Fee es un destino para visitar todo el año. Durante los meses de verano, el park se monta en la parte superior de la estación, a 3.500 metros de altura, en el glaciar Allalin. Dos perchas de ancla nos permitieron hacer varias rondas súper rápidas, en las que pudimos machacar todo. Un bar en la mitad del park, con una gran terraza, mesas, sofás y unos grandes pufs, nos permitieron descansar un rato, disfrutar de la música que sonaba durante todo el día y tomar algo contemplando el espectáculo de los freestylers. Encontramos riders locales, y con gran nivel, con quienes pasamos buenas rondas, para aprender del style suizo. Entre ellos encontramos a Stefano Carlin, otro ski bum trotamundos de las nieves, como nosotros. Compartimos unas buenas rondas y nos contó rutas interesantes y los “secret spots” de Saas-Fee, que días más tarde pudimos descubrir.

Durante el invierno desplazan el snow park hasta la cota 2.730m, al área de Morenia, que tiene una orientación noreste, con dos perchas y un telesilla desembragable de seis plazas con capota, que permiten un acceso rápido y directo. Cuenta con un desnivel de 400 metros, tiene un Super Pipe de 100m, y una ronda de saltos grandes (de 20, 15 y 12m) que finaliza con un “quarter pipe”. Este park tiene varios kickers de 8m, rainbow, funbox, canon box, sanfrancisco, kink, camel rail, planter… en definitiva, gran variedad de módulos. Si añadimos que tiene un excelente mantenimiento diario, no es de extrañar que este park esté considerado entre los mejores de Europa.

A la mañana siguiente nos pusimos en marcha temprano. Esquís al hombro y, tras un fugaz paso por el pueblo, volvimos a acceder a la estación. Una completa red de remontes agiliza mucho las subidas y nos garantiza el funcionamiento incluso en días de viento fuerte, lo que permite esquiar la mayoría de los días de la temporada. Empezamos nuestro segundo día de esquí dirigiéndonos a Längfluh (2.870m), en la cara oeste. En su mirador pudimos disfrutar de una excepcional vista sobre el gran campo de grietas que divide la estación en dos partes. No pasó un solo día, en el que la vista de aquel paisaje y sus grandes masas de hielo no nos sobrecogiera.

Esta parte de la estación no la recorrimos a fondo (son 100km), y nos dejamos zonas para una próxima visita. Además de esquiar en pista, exploramos algún fuera de pista que nos recomendó Stefano, siempre con prudencia, y pudimos catar un poco más de nieve powder. En el spot de un “local” casi siempre está la mejor nieve.
Para quienes quieran caminar un poco y salirse de los dominios de la estación, Saas-Fee ofrece unas buenas rutas para hacer con esquís de travesía. Partiendo de la parte superior, a tan sólo una hora y media a ritmo tranquilo, encontramos el Allalinhorn (4.027m) la ruta más accesible de Saas-Fee, y la más transitada. Desde la cima de este pico podemos ver el Matternhorn (4.477m) y el Monte Rosa (4.634m), dos montañas míticas de esta zona de los Alpes.

Otras rutas de mayor distancia nos llevan al Strahlhorn (4.190m), situado al este de la estación, hacia al oeste podemos hacer cima en el Alphubel (4.206m), balcón y mirador inmejorable hacia el Dom y su hermano pequeño Täschhorn (4.491m). Para hacer estas excursiones es necesario ir acompañado por un guía de la estación, además de ir equipados con todo el material necesario para la travesía en glaciares.
Estudiando los partes de nieve vimos que se avecinaba una tormenta de nieve, así que alargamos nuestra estancia en Saas-Fee un par de días más. Uno de ellos fue para conocer a fondo el pueblo y sus restaurantes, disfrutar de sus actividades après-ski y de una buena fondue, y el otro para aprovechar a tope la capa de nieve nueva que dejó la tormenta.

Nuestro último día de esquí en Saas-Fee fue una auténtica maravilla. Ya conocíamos todos los buenos rincones y fuimos directos a ellos. Fue el día de “pillar polvo a fondo”, de volar seracs y saltar grandes rocas. Imagen inolvidable fue la cascada de hielo de quince metros que saltó Jordi. Tras observar una roca minuciosamente durante varias subidas en el teleférico, Adri no fue menos y voló literalmente aquel gran cortado situado debajo del Felskinn. Rubén y yo nos quedamos abajo, para poder inmortalizar lo que fueron los momentos más extremos del viaje.

Esta última nevada fue la guinda del pastel de nuestra gran estancia en Saas-Fee. Nos fuimos con muy buen sabor de boca, la sensación de un trabajo bien hecho y habiendo disfrutado a tope. ¡Volveremos a Saas-Fee!

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