Freeride en Arcalís Vallnord

El mejor día de la temporada

Recuerdo que era un lunes, doce de febrero de la temporada 2007, y la plena totalidad de las estaciones del Pirineo se veían sumidas en una severa sequía de nieve.  Mientras tanto, en el sector Ordino Arcalís de Vallnord, una borrasca llevaba tres días descargando nieve sin contemplaciones.  La ubicación de sus montañas, en el extremo noroeste del país y sus elevadas cotas entre 1940 m y 2560m convierten a Ordino Arcalís en un poderoso imán para las tormentas de nieve más generosas que los cazadores de powder veneramos como templo del freeride.

Las intensas nevadas del fin de semana habían permitido buenos descensos fuera-pista, freeride del bueno, del auténtico: frío, copos como puños, visibilidad escasa, bosque cerrado y buena compañía.  Uno de aquellos días en los que a las ocho de la mañana, al mirar por la ventana de casa no abandonarías jamás el cobijo de las mantas.  La falta de visibilidad hizo que nos refugiáramos en los Bosques de Hortell, a los que accedimos por el telesquí 1 donde disfrutamos como enanos esquiando entre los árboles, saltando las rocas de esponjosas recepciones y dibujando virajes perfectos sobre una nieve suave y polvorosa, en las palas divertidas de la amable pendiente, sin apenas dificultad.

Esa misma tarde, la nieve seguía amontonándose sobre la terraza de casa en Ordino, referencia infalible para calcular los espesores acumulados en la estación que tan buen resultado me ha dado desde mis épocas imberbes como corredor del Esquí Club.

A toque de diana

A las 7:45 h de la fría mañana invernal, la estridente melodía del móvil se convierte en un atentado contra la salud que me arranca del mundo de los sueños de sopetón. “¡David!, David, mira por la ventana!”.

La pereza y el sueño apenas me permiten abrir tan sólo un ojo y al correr la cortina, cegado por el reflejo de la luz sobre la nieve, compruebo que lo que anoche eran 20 cm se había convertido en más del doble.  Y lo mejor de todo es que en el cielo no queda ni rastro de la tormenta.  Un atisbo de luz comienza a iluminar las cumbres del valle que relucen como una enorme tarta blanca esperando ser devorada. Todo apunta a que va a ser un gran día. La conversación finaliza con un claro y contundente: ” en media hora paso a buscarte”.

En este tipo de días es importante ser puntual y estar a pie de remonte a primera hora.  Acompañado por dos buenos amigos de aventuras, Jordi Riba y Albert Babot, ponemos rumbo hacia la estación.

Ordino Arcalís es la meca del freeride, un paraíso frecuentado por los amantes del fuera-pista, así que en días de paquetón los mejores rincones del dominio se cotizan como metal preciado.

A las 8:30 h todo son bromas y risas con el resto de los almas vespertinas que se han dado cita a la caza del tesoro blanco.  El momento mágico se produce con la apertura de remontes, entonces todo se convierte en concentración, ajustes de última hora y en planes y estrategias sobre que zonas atacar primero y que palas reservar para más entrada la mañana.

Tifones blancos

El primer objetivo son los canales del Planell de la Flores, una zona escarpada con multitud de tubos naturales donde suelen acumularse ingentes cantidades de nieve polvo.  Accedemos remontando sobre la pista roja La Balma a través de una ligera pendiente hasta la cresta y una vez arriba se abren infinidad de posibilidades, el mejor patio de recreo que uno pueda llegar a desear.  Los primeros rayos del sol despuntan por el horizont cuando trazamos los primeros virajes sobre la nieve fresca y profunda.  Fácilmente la montaña ha acumulado espesores superiores al metro y medio.

Hemos tenido suerte y en esta zona la nieve aún permanece intacta, perfecta, reclamando ser sobrevolada con cariño y elegancia.  El polvo es frío, suave.  El festín comienza por el Canal del Hippi, y prosigue por el Surfeta Cagat, el Canal Gran y todas sus variantes.  Pendientes del 45 y 50% en las que saciamos nuestros instintos níveos más primarios.  Entre giro y giro escucho los espontáneos e irreprimibles gritos de júbilo al más puro estilo mariachi de mis compañeros.  La adrenalina está por las nubes.

El punto de mira lo ponemos en la pista negra La Portella donde encontramos algunos recodos vírgenes donde zambullirnos.  La línea es larga, directa y con una pendiente pronunciada que convierte en un paseo triunfal por el reino de las nieves.  Zurcimos la pala con una sarta de virajes a toda velocidad.

Para acabar nos dirigimos a la pista negra Canal Gran, a la que entramos por la Portella del Mig con llegada a la zona de debutantes de La Pleta. Pendiente profunda, la indecente cantidad de nieve acumulada sobrevuela nuestras cabezas con sus dulces cristales helados.  Parecemos tres tifones blancos levitando sobre el polvo.  Llegamos abajo exhaustos, sin apenas pronunciar palabra.  Los vahos de nuestra transpiración delatan el estado de nuestras baterías.  No hemos esquiado ni un 10% del fuera-pista de la estación, pero estamos fundidos, las piernas no nos dan para más.  Ha sido una mañana gloriosa, inimaginable tal y como había transcurrido la temporada hasta la fecha.  Vibrando de emoción por la eléctrica experiencia que acabamos de vivir iniciamos el regreso a Ordino para celebrarlo con un buen entrecot en el plato y brindar con un buen vino.  ¡Nos lo hemos ganado!

Texto publicado en:  SKIPASSION

Autor: David Ledesma

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